A principios
de 1913, el general Victoriano Huerta dirigió una rebelión exitosa
contra Madero, y se proclamó presidente. Madero y su vicepresidente
fueron asesinados. Mientras Huerta se consolidaba en el poder, un
conjunto de grupos opositores establecía una alianza, formalmente
encabezada por el gobernador del estado de Coahuila, Venustiano
Carranza. Los opositores, unidos bajo el nombre común de
constitucionalistas -su principal objetivo era la restauración del orden
constitucional-, estaban comprendidos por grupos del norte del país -el
propio Carranza, el carismático y audaz Pancho Villa y un importante
grupo del estado de Sonora, liderado por Alvaro Obregón- y de otras
regiones -donde sobresalían los campesinos del estado de Morelos con su
líder Emiliano Zapata-.
Los
ejércitos constitucionalistas derrotaron a las tropas de Huerta, que
dimitió y partió al exilio en julio de 1914. Los cuatro años de
conflictos habían terminado con todo el complejo sistema de pactos y
negocios nacionales, regionales y locales establecidos en los largos
años del gobierno de Porfirio Díaz.
En su lugar,
diversos grupos y caudillos, de base rural, luchaban entre sí para
decidir quién iba a gobernar México. Para algunos, como los seguidores
de Zapata, el problema principal era otro: la tierra. Su objetivo era el
reparto de las tierras a las comunidades campesinas.
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